Daniel Lezama
 

 

                  En Daniel Lezama, la conceptualidad post-duchampiana -no se trata de conceptualismo - se disfraza en juegos cuya 'perversidad' iconográfica parece anhelar un desnudamiento, y una desviación, trans-realistas, mientras su revisitación de las raíces doradas y clásicas (en todos los sentidos) del arte moderno es marcadamente no-apropiativa: aquí la imitación no es mimesis simbolista, surrealista o minimal, -y mucho menos ideológica o 'populista'- sino camino a un ensimismamiento extremo. El momento de la pintura simula una historia, y una narración, imposibles, un tiempo vencido aunque sin resolución, y un ser necesariamente disminuído: pero la desarmada cruauté de su maestría -así como la desarmante maestría de su ternura- nos propone una nueva ética de la mirada 'inmoralista.'"

 

Francesco Pellizzi, texto de catálogo, 2000

..." ¿Qué pintores corresponden al árbol genealógico de Lezama? Entre otros y desde luego, Caravaggio, el creador de los grandes paisajes anímicos que inauguran y cierran etapas fundamentales, el heterodoxo que creó una ortodoxia perdurable; a momentos don Francisco de Goya, el responsable del otro siglo español poblado de monstruos y duquesas, la centuria que se localiza entre el siglo XVIII y el siglo XX; muy probablemente, o así lo percibo, Edward Hopper, el gran artista de la melancolía como el sitio de encuentro entre un personaje y el infinito pictórico de la tristeza. Hopper es la saga de la ciudad a las horas del abandono; Lezama es el recuento de la ciudad a la hora en que nadie se acuerda de la televisión (...)

En los cuadros negados a la anécdota (mujeres como naturalezas muertas, desnudos femeninos desde el asombro que profetiza autodestrucción), Lezama evidencia su proyecto: obtener, a través de la pintura, las respuestas de vida y de arte que no se detengan en la literatura, pero que usen de la literatura para interpretar las reacciones del que contempla. Esta, creo, es una de las claves: los relatos son el método para volver a la pintura, para captar la melancolía, la tristeza, el irla pasando que es el irse muriendo." (...)

Carlos Monsiváis, texto de catálogo, 2000

 

..."Dotado a la vez de una conciencia ética y humanista, y de una amplia experiencia en el retrato y el estudio de la figura, Lezama logra establecer en su pintura un complejo juego de roles entre los personajes que habitan sus cuadros, aproximando el funcionamiento iconográfico de sus narrativas a la condición secreta de todos los discursos mitológicos: detrás del conjunto de las historias contadas encontramos, por una parte, la figura de la madre y el padre que se perpetúan en un hijo a su vez relevo o usurpador; por otra, aparece la pareja primordial de amantes en la danza del encuentro. Entre el amor filial preexistente y la invención del amor hacia el otro y los otros, en las imágenes de Lezama se van tramando, como en cualquier mitología, las frondas de una genealogía familiar recuperada e irradiante de sentidos." (...)

Erik Castillo, texto de catálogo, 2000

..."La clase de historias que Lezama relata tienen la vehemencia de las ilustraciones pictóricas de hechos históricos, pasajes bíblicos, escenas costumbristas o alegorías mitológicas, a la manera del romanticismo y el nacionalismo mexicanos de la segunda mitad del siglo XIX, es decir, aquélla de la narrativa al servicio del discurso oficial y, por tanto, sometida a tal grado por su autoritarismo, que los malestares sociales reales de su momento resultaban demasiado prosaicos o indignos de ser tratados por el noble arte de la pintura. (...)

Por tanto, para Lezama, las enseñanzas de sus "mayores" son técnicas, pero sus aplicaciones a la figuración son exactamente opuestas al "espíritu" que las sustentaba. El autoritarismo (político, religioso, escolar, familiar, psicológico, etc.) es una organización tanática bajo la cual y contra la cual se desarrolla (casi) secretamente un monstruo erótico. Ante los ideales decimonónicos, como sería la exaltación de la artificialidad hasta lo sublime, la ilusión de vida en la figuración humana y la elevación de lo ordinario a extraordinario, Lezama propone una carnalidad desbordada, una efusividad excesiva y una procacidad que invita a la perversión. Y ante la idea de que la trascendencia es inherente a los géneros, sobre todo al histórico y al religioso, Lezama responde con una broma negra: la condición histórica nacional, reflejada en la vida familiar mexicana del más bajo estrato, se presta para ensayar múltiples enfoques de la miseria material y espiritual, para figurarlos tan teatralmente como en otros siglos, sólo que ahora mediante "puestas en escena" de la definición mejor de sus conflictos internos y prescindiendo de una poética oficialista, a fin de descubrirla, para sorpresa general, en las situaciones, personajes y contextos más inopinados."

 

Luís Carlos Emerich, texto de catálogo, 2001

 

"En otro extraño giro de acontecimientos, la galería Roebling Hall se ha reinventado por completo para albergar la exposición "Sainetes" de pinturas clásicas de Daniel Lezama. La última vez que pasé por el lugar era oscuro y lúgubre. Ahora los muros son de color cálido y hay mujeres desnudas por todas partes. A pesar de su esquizofrénico cambio de exhibiciones, los cuadros me impresionaron. Baste decir que Lezama tiene excelentes cualidades como pintor. Las influencias de Fischl, Velázquez e incluso Hopper no logran hacer sombra a sus convincentes figuraciones narrativas. Estas son pinturas cargadas, tanto culturalmente como en otros sentido, y mezclan íconos culturales de forma sorprendente (...) Realmente me gustan estas pinturas, aunque parecen estar esperando una golpiza crítica de parte de alguien. No sé porqué, tal vez sea por toda la teoría feminista que me inculcaron en la universidad. Chingue a su madre, ésta es una exposición que vale la pena ver, sin importar mis sentimientos sobre la historia patriarcal de la pintura."

 Keane A. Pepper,

http://web.archive.org/web/20050210050818/http://www.freewilliamsburg.com/ , Dic. 2002

 

 
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